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Kibera

Si algún día viajas a Nairobi, seguramente te asombrará el bullicio de su Business Center, la variedad de sortijas y cachivaches del Masai Market o el gusto a pollo de la carne de cocodrilo del restaurante Carnivore. Pero lo que seguramente dejarás de visitar, porque ninguna guía ni ninguna agencia lo recomiendan, es Kibera. De hecho, cuando preguntes por el matatu número 8 o el autobús número 32 con tu cara de mzungu (blanco en swahili), una respuesta muy probable será: “Are you sure, my friend, that you want to go to Kibera?

Bienvenido al slum más grande de África, bienvenido a Kibera!

Ana, Guille y Alo ante Kibera

Kibera es un asentamiento de chabolas ubicado en la parte suroeste de Nairobi que cubre una extensión de 2.500 metros cuadrados y que alberga a un millón de personas (algo así como la población de Valencia!) de las cuales algo menos de la mitad están contagiadas con el virus del VIH. El origen del asentamiento, data del final de la Primera Guerra Mundial, cuando el Gobierno Británico cedió las tierras en las que se sitúa, a un grupo de soldados nubios en recompensa a los servicios prestados durante la guerra. Actualmente y debido principalmente al éxodo rural, Kibera tiene el dudoso honor de ser el asentamiento de chabolas, o slum, más grande de África y el segundo a nivel mundial.

Vista panorámica de Kibera

De la mano de una profesora local colaboradora de la organización San Vicente de Paul, pudimos sumergirnos en este mundo donde el significado de la palabra pobreza cambió para muchos de nosotros. El objetivo de la visita era conocer de primera mano la situación de varias familias cuyos hij@s estudiaban en el colegio gestionado por dicha organización.

La visita comienza en la parte alta de Kibera desde la que empezamos a bajar callejeando (siempre y cuando a eso se le pueda llamar calles!) entre las chabolas. Como Kibera no dispone de un sistema de saneamiento, seguimos un riachuelo de aguas fecales de camino a la morada de la primera familia. Tras los saludos y el desconcierto inicial, parte del grupo entra en casa para conversar con la madre de la familia y parte nos quedamos fuera jugando con los niños. Los críos, que a grito pelado de “Mzungu, mzungu!” se nos acercaban para tocarnos y luego salir disparados, estaban totalmente maravillados al descubrir que los nuevos visitantes tenían pelo en los brazos.

Los chavales de Kibera

Terminamos de charlar con la primera familia, y realizamos una segunda visita a una chabola cercana. Esta segunda chabola desafiaba de forma descarada a toda ley física y se mantenía en pie construida con palos y barro. Conversamos con la segunda familia y continuamos con el trayecto a través del slum.

Niña en Kibera

La madre de la tercera familia (de hecho, no conversamos con ningún padre), nos relató una historia de esas que te encogen el estomago y te hielan los pies. Resulta que un buen día por la mañana, esta mujer se dirige al baño (los baños en Kibera, como en muchas zonas rurales de Kenia, consisten básicamente un agujero cavado en la tierra rodeado de cuatro ‘paredes’) y descubre flotando en la mierda a una niña recién nacida. La mujer rescata a la niña (a la posteriormente llamaría Emmanuelle), y ante la imposibilidad lógica de encontrar a su madre, decide quedársela. La mujer, que antes de recoger a Emmanuelle ya tenía una hija, pierde a su marido y se casa con otro hombre que tiene tres hijos. Pues bien, a este personaje, no se le ocurre otra cosa que rechazar a las dos crías de la mujer y echarlas a la calle cada vez que está en casa! Entre lágrimas y sollozos, la mujer nos cuenta su impotencia para cambiar la situación ya que el puestecillo que le sirve de sustento no le permite aspirar a otra vida. Después de una historia así, te planteas si a niveles universales las cuestiones que nos preocupad día a día tienen algún sentido. Una situación de locos!

Niña con su hermano a cuestas

Con un nudo en el estomago y las emociones a flor de piel, abandonamos a la madre de Emmanuelle y seguimos con la ruta y visitamos otras familias. Transcurre la tarde y el viaje llega a su fin. Nos tomamos una última foto al abandonar Kibera para dejar constancia de nuestro paso ;)

Nosotros en Kibera

Para mí, la visita a Kibera ha sido un viaje inolvidable que me ha dejado un recuerdo agridulce. Es un lugar en el que las historias del slum, llenas de pobreza, violencia, enfermedad y tristeza se mezclan con la vitalidad y la alegría de los niños y la hospitalidad de sus moradores. Sin lugar a dudas, Kibera es un sitio para no olvidar.

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posted by izzack @ 7:33 p. m.,

1 Comments:

At 12:05 p. m., Anonymous ANA said...

IMPRESIONANTE ANTONIO!

Ahora volved a leerlo escuchando la canción "África" de La Sonrisa de Julia...los pelos de punta!

besos a todos

 

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